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El 'biciloco' que llegó al Meta


Mauro Velandia, en su paso por Villavicencio.
Embutido en una licra como si se tratara del más profesional de los ciclistas, Mauro Velandia se hace llamar el ‘correcaminos de Colombia’ y haber recorrido todo Suramérica en bicicleta. 

Su caballito de acero, una Raleigh Elite 01, cotizada en 700 mil pesos en internet, está tan engallada que se ve inestable. Más parece un vehículo de pregonero de pueblo que la bicicleta de un deportista mochilero que recorre el mundo. Tres alforjas y maleteros, tres banderas con astas adheridas adelante y atrás de la ‘bici’, una linterna y tres caramañolas le hacen contrapeso a dos tableros que el pobre caballito carga acuestas. Allí pega cuanta tarjeta de presentación recibe por el camino a cambio de patrocinio, de algún peso, alimento o repuesto para su cicla.

Su piel no está curtida como la estaría la de un ciclista que lleva pedaleando diez años y medio. Sí, diez años y medio. Así lo afirmó aquella mañana que, paradójicamente, llegó a Villavicencio cuando se celebraba el día de la bicicleta, el día que los taxistas y conductores de buses hicieron su agosto. 

“Soy rolito, bogotano”, afirmó el hombre de 57 años, que más pareciera haber nacido en la ‘ciudad sorpresa’. Con ese acento pastuso agrega que sus pedaleos hacen patria por Colombia. Se baja la cremallera de su maillot, parecida a la que usan los ciclistas de ruta, y con el dedo índice apunta hacia cada una de las banderas estampadas en su camisilla interna. No mira. Su discurso es calcado a los que entrega en cada una de las entrevistas que hoy aparecen grabadas en Youtube: “Ya recorrí Colombia, Venezuela, Brasil, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Ecuador y Bolivia dando un mensaje de paz, que fue el primer objetivo”. 


El hombre me recuerda a Jhon Frady Gómez, más conocido por el apodo de ‘radioloco’. A este último le gusta cazar a la prensa. Usa también una bandera, pero no colgada en la parte trasera y delantera de su bicicleta, porque anda a pie. Se la pone en la cabeza y con su radio al hombro detecta dónde está la noticia y va por ella. Es famoso porque aparece seguido robando cámara detrás de los reporteros cuando salen al aire.

El correcaminos de Colombia quiere viajar a México en bicicleta.
El ‘correcaminos’, que podría llamarse también ‘el biciloco’, dice que ha pasado siete u ocho veces por Villavicencio. El objetivo de su más reciente visita era ser entrevistado por “todos los medios de comunicación para impactar, para seguir mi recorrido, dándome a conocer de la radio, la prensa y la televisión”. También, “dicen en los diarios que está loco de remate, pero no, lo que estaba era obsesionado por recorrer dichos países, o sea que querer es poder”.

Esa obsesión llegó a través de un sueño en 1992. Imaginó que luego de recorrer una nación en bicicleta era recibido por un presidente. Trece años después de aquella visión, comenzó a escribir a punta de pedal la historia onírica que han divulgado diferentes medios regionales del país.

Vuelve y retoma sus periplos. “El segundo objetivo fue una doble al Brasil, consecutiva, saliendo de Bogotá, atravesando Venezuela, Boa Vista, Manaos. Sí al deporte, no a las drogas, haciendo publicidad a Venezuela, a Lotería Táchira. Mi cuarta travesía es por toda Colombia, me faltan seis departamentos para completar y estoy preparándome para hacer la doble a México”.

Mauro Velandia trabajó como ebanista hasta que el sueño le hizo pedalear el coco. Ahora vive solo en Pitalito (Huila) y su esposa e hija residen en Bogotá.

Llegó a Villavicencio el Día de la bicicleta.
Asegura que el patrocinio le basta para vivir. Por eso su cicla parece un álbum de láminas, llena de tarjetas. “No soy pensionado, no devengó un sueldo. Hago la publicidad al comercio local, a los almacenes, talleres, servitecas, restaurantes, estaciones de servicio, concesionarios de autos y de motos, no para volverme millonario rapiditico, pero sí para poder hacer la travesía”. El ‘biciloco’ no es tan loco. Tiene la razón. Al menos dos establecimientos que publicita con pequeñas tarjetas de presentación lo confirman. Por el restaurante La Talanquera, en Guamal (Meta), ha pasado dos o tres veces por su desayuno gratuito, y de la licorera La Montaña de Hielo, en San Martín, recibió algunos pesos. 

Hay dudas en su discurso cuando asegura haber sobrevivido siete días sin agua y comida en el desierto de Atacama en Chile, luego de recorrer 600 kilómetros. “Estaba postrado en la arena, pasó un tráiler argentino, me regaló unas mandarinitas y sobreviví en el desierto. Seguí a Chile”. O su historia queda en rines cuando reafirma que puede subir a Bogotá sin bajarse de su engallada cicla. No acepta que haya usado un carro para trasladar su caballito de acero de un lugar a otro, admite que ha viajado con su cicla en barco y en avión. No hay registro audiovisual de esos recorridos de montaña y desierto. Solo videos dentro de varias ciudades. Lo cierto es que es un gran promotor de la bicicleta como medio de transporte, un ‘biciloco’ embutido en una licra y que pedalea como un ‘correcaminos’, sin su beep beep.
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