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Inauguran exposición de arte en Villavicencio

 Obras de cinco grandes artistas de la región

Hasta este  jueves 3 de septiembre  estará abierta la exposición de arte titulada 'Maestros en el tiempo', la cual  brinda un homenaje a cinco artistas de la plástica que han dejado una huella indeleble en nuestra región, en el Teatro La Vorágine de Villavicencio.


La exposición, que fue inaugurada el  27 de agosto en desarrollo de la celebración del aniversario 44 de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán de Villavicencio, cuenta con obras de  Bercelio Hoyos (q.e.p.d.), Jimeno Acosta (q.e.p.d.), Rafael Campos Anaya (q.e.p.d.), Hernando Onofre y Manuel Acosta Bejarano – Macosta.

Hernando Onofre

El maestro Hernando Onofre goza de un amplio prestigio y reconocimiento como arquitecto; sus intervenciones y creaciones en este campo son importantes; su trabajo en las diferentes construcciones religiosas de la ciudad lo muestran como un creativo incansable. Sus viajes a Europa lo mantuvieron al tanto de las propuestas vanguardistas de entonces; esto sirvió como base para sus futuros proyectos arquitectónicos. Con un espíritu tranquilo y sereno desnuda su alma en cada trazo. Su trabajo plástico es muy versátil, porque nos ofrece desde retratos hasta bodegones multicolores cargados de flores y naturaleza; es de amplio espectro, navega en lo surrealista y lo real pero casi siempre su lenguaje es figurativo. Obras que denotan un manejo de la línea y del espacio; la riqueza del color se justifica en cada elemento, desde las incontables mariposas y hojas hasta los fríos paisajes surrealistas. En algunas de sus obras el ímpetu del color se calma y recrea sus formas con sutiles pinceladas monocromáticas. En cada cuadro se hace evidente su otra pasión: la arquitectura. Rostros con miradas inciertas rodeados de flores y mariposas multicolores adornan el estudio del maestro.

El maestro Hernando Onofre nació en Choachí, Cundinamarca, el 1º de mayo de 1932. Ha pintado miles de obras en óleo, acuarela, témpera, acrílico, carboncillo, pirograbado, entre muchas otras técnicas.

Bercelio Hoyos

En sus pequeños formatos Bercelio Hoyos nos transporta a grandes escenarios de nuestra geografía regional. Sus acuarelas de pincel meticuloso y controlado nos brindan una paz que al igual que la técnica nos permite diluir nuestra atención sobre el papel y suspendernos por un instante en un escenario real y mágico a la vez. Cada detalle en esos pequeños paisajes redefine la grandeza y belleza de nuestra tierra. Su técnica es limpia y cada pincelada enriquece el gesto natural de lo cotidiano tanto en sus viviendas indígenas como en esos horizontes donde se agitan serenos árboles y nubes. El detalle pequeño y meticuloso es una constante en su obra.

José Bercelio Hoyos Becerra nació el 26 de marzo de 1920 en Bogotá y murió en Villavicencio, el 30 de diciembre de 2001. Toda la vida tuvo biblioteca y estudio, donde se dedicaba a pintar en óleo y acuarela. Generalmente paisaje. Y fue con estas obras que inmortalizó –en su pincel– cada uno de los sitios que recorrió en su vida, y en especial los llanos colombianos.


Manuel Acosta

La obra del maestro Acosta goza de una enorme carga simbólica; la gracia y movimiento de sus formas denotan un pacto entre lo figurativo y lo abstracto. Cada obra cuenta su propia historia. Vacíos amorfos al interior de sus figuras que desafían el equilibrio de lo estético y que nos hablan de seres inconclusos que se retuercen en su propia tragedia. El maestro, atento espectador de angustias ajenas, ennoblece el dolor de sus protagonistas en cada trozo de madera que tocan sus manos. La geometría cobra un lenguaje que no podemos definir, porque a cada centímetro se redefine para formar una danza poética llena de fuerza y armonía. El espíritu de garzas, venados, caballos y otros tantos seres de su bestiario, quedan atrapados en la sutil interpretación que teje en medio del olor de la madera herida; de formas caprichosas que reclaman su propio lenguaje. Curvas, puntas, ángulos… suaves y atrevidos con volúmenes que invitan al equilibrio, dan la justa medida a la obra de Manuel Acosta, que ha ganado así un espacio privilegiado en el contexto del arte regional.

Un campesino que se descolgó temprano de la montaña metense de San Juanito hacia el llano. Carpintero de oficio, que explora y busca y encuentra en la madera la mejor opción para elevarse hacia el lenguaje del arte universal.

Jimeno Acosta

La propuesta minimalista de Jimeno se basa en la fuerza de su contenido; mediante imágenes sencillas y casi monocromas da a conocer un mensaje explícito y claro en cada una de sus obras. La geometría de sus imágenes guarda un mensaje social donde se hace evidente su preocupación por el destino del planeta. Hace buen uso de la línea para interpretar los volúmenes de rostros cargados de cansancio y angustia. Obras de trazo sencillo y expresivo con una simbología mística. Su pintura posee la magia de lo inmediato porque el encuentro con su lenguaje es directo y fácil de interpretar. El color se define en espacios marcados por líneas gruesas y firmes como el carácter del artista. Hay una dosis de silencio en los escenarios que recrea, pero es un silencio de impotencia que se refleja claramente en ese contraste de tamaños entre las moles de concreto y sus pequeños espectadores. Es amigo de la línea y de los tonos tierras. Su diálogo con lo natural es íntimo y sincero y escapa a lo absurdo de la especulación.

Jimeno nació el 20 de enero de 1926 en Charalá, Santander, y murió en Villavicencio, Meta, el 19 de enero de 2000. Fue ebanista, artesano y artista. Pintó enormes murales en diversos lugares de la ciudad. Todos los que le conocieron coinciden en su gran sensibilidad humana, su solidaridad y la conciencia social que le generaba su ideología de izquierda.

Rafael Campos Anaya

Rafael no le teme al color ni a la rígida geometría del destino por que la fuerza de sus trazos escapa a cualquier esquema preestablecido. En su universo prevalecen los tonos tierras, cálidos como su alma. Allí solo existe espacio para la emoción desbordante de imágenes que parecen invitarnos a ese mundo que ignoramos; es la verdad del arte solitario. En sus obras percibimos mensajes ocultos que solo descifran espíritus sensibles. Espacios geométricos que nos susurran lo que hay más allá del pensamiento. Absorto en su pincel recorre los insondables escenarios del lienzo para encontrar la forma perfecta. Con furia tranquila se desafía así mismo en cada trazo. La dignidad y la gracia del dolor se reflejan en muchas de sus obras. Su trabajo es un canto a un universo abstracto y desconocido: él mismo.

Rafael (Málaga, Santander, 24 de mayo de 1958 - Villavicencio, Meta, 11 de agosto de 1985), joven malagueño, después de un ir y venir, de ausencias y reincidencias, hincó sus raíces en tierra llanera hasta su muerte. Los cuadros discretamente surrealistas en tonos ocres, amarillos y tierras nos evocan imágenes oníricas del pasado mágico místico de los oscuros orígenes de la humanidad.











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