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El momento más difícil en la vida de 'El Topo' Solano


‘Seguiré en la radio hasta que me salga la voz’: ‘El Topo’ Solano

Abril 10 de 2018

Jairo ‘El Topo’ Solano, director del programa radial ‘El Guachamarón’, habla de los duros momentos por los que pasó luego de la pérdida de una de sus piernas. El amor por el folclor no lo ha dejado decaer.

Jairo 'El Topo' Solano en la que era su casa, en el municipio de San Martín (Meta). Foto: Óscar
Jairo ‘El topo’ Solano es uno de los folcloristas y locutores más queridos por los artistas de la canta llanera, y aunque inició como intérprete de joropo, su pasión ha sido la locución, la radio y la presentación de festivales, una carrera que lo ha llevado a recorrer un sinnúmero de lugares de los llanos colombo-venezolanos.

Ha sido cofundador de varios festivales folclóricos, entre ellos el de su pueblo natal, San Martín de los Llanos. A través de su programa radial ‘El Guachamarón’, que transmite los fines de semana a través de la 106.3 FM, impulsa el folclor llanero. Esa es su vida, aquella que trató de nublarse hace unos cuatro años, cuando los médicos le amputaron su pierna derecha tras complicaciones por los niveles de azúcar y glucosa en la sangre.

Junto con Orlando 'Cholo' Valderrama, en un conversatorio realizado en Villavicencio.


‘El topo’, nombre que adaptó por las famosas canciones de Topoyiyo y que puso a sonar también en la radio llanera, habló con Agenda Hoy sobre el momento más difícil de su vida y, por supuesto, sobre la música llanera.

¿Cuánto tiempo arriba de las tarimas?

Han pasado 50 años desde que comencé en la actividad, yo me remontó y tomo como base la creación del festival folclórico de mi tierra,  yo fui el creador, porque yo ya venía desde el año 62 como empresario y cantante de grupo.

¿Cuál grupo?

El grupo con el que cantaba era Festival Llanero. El maestro Héctor Paul era el arpista, empezó como cuatrista del grupo con David Pareles.

¿Qué solía interpretar?

Yo era muy seguidor de Juan Vicente Torrealba. Yo soy un empedernido admirador, y ahora que vino para el Torneo del Joropo no lo puede presentar, porque no me contrataron, tal vez por lo renco, yo creo.

¿Le dolió que no lo llamaran?

Me hubiera gustado, porque yo hubiera podido desarrollar un tema que los otros no conocían, toda una vida cantándole, y emocionado detrás de Juan Vicente. Yo conocí cómo salió de su hato, conozco la finca, los esteros del Camajuan, donde se inspiró para hacer tantos pasajes, amigo de Mirta, su esposa, que murió hace poco, a quien escribió tantas cosas bellas, como ‘Rosario’, eso nadie lo sabe, pero uno sí,  siguiendo a un tipo durante tanto tiempo.



¿Cómo le cambiado la vida la pérdida de su pierna?

Al principio fue muy duro, porque saber que no tenía una pierna y que me movía con tanta agilidad por tantos lugares. He caminado mucho, he vivido esta tierra en sus ríos, en sus aguas, en sus pescas, en sus aventuras, todo esto me ha costado haber tenido dos piernas durante tanto tiempo. Saber que le falta una pierna a uno fue muy duro, yo no le decía a nadie, lloraba cuando me quedaba solo en una cama mirando hacia arriba, qué es de mi vida, qué voy a hacer, todo el mundo me va a despreciar, y así lo veía yo al principio, hoy en día ya he superado eso, ya no me interesa si me saludan o no, he notado que mi Dios a veces le quita algunas cosas a uno, pero le da otras, he visto que todo se me ha iluminado más. He aprendido más de todos los municipios del joropo, cómo son sus raíces, cómo es su proceso, de dónde viene, entender muy fácil algunas cosas que antes no las podía concebir, porque ahora las tengo ahí, como si me las hubieran metido y grabado, sí, me he sentido sin una pierna, pero he tenido un mayor conocimiento de este tema. En estos cuatro años he manejado un programa muy parroquial, muy regional, y hoy en día estoy manejando un programa que ha abierto puertas por Colombia y Venezuela, entonces, esto es lo que hoy noto después de haber sido operado, no he tomado la decisión de ponerme una ortopedia, y si Dios me da unos días más, este año voy a hacer el esfuerzo para complacer a algunas personas, para volver a pararme en un escenario con un sombrero pelo e guama y con los trajes que siempre utilicé yo, con la indumentaria básica de lo que es tradición de vestuario llanero, que se ha ido degenerando mucho.

¿Cómo superó ese duro momento?

Las satisfacciones que le dan los amigos, como se portaron todos, la plata que me recogieron, que me dieron, eso me animó mucho. Hoy en día no creo que lo haya superado del todo, pero sí en un 80 por ciento, salgo  a todas partes, voy, subo, al principio me daba pena que recogieran, me da lo mismo ya, sigo siendo el mismo. Dios no me ha quitado la voz, y para mí la voz es algo muy familiar dentro del pueblo llanero y me ha abierto muchas puertas en el país y en Venezuela, me han hecho invitaciones para otros países, pero como siempre he sido un temeroso no he salido.

Junto con Marco Antonio Franco (q.e.p.d.).


¿Cómo ocurrió?

Son desordenes de vida. Uno cree que porque nunca se ha enfermado y nunca ha entrado a una clínica uno es un privilegiado, son desórdenes de uno mismo, la comida. Yo, antiguamente, era muy desordenado, en los años 53 o 54 comencé a ver que el azúcar y la glucosa las tenía alta, que tenía que suspender eso y hacer más ejercicio. Poco caminaba, todo lo hacía en carro, tomé gaseosa, y me gustaban los postres, los dulces, todo lo que me daban en San Martín y lo que me hacían con leche, todos los postres preferidos de mi infancia. Todo esto me lleva a eso. El dolor me comenzó en diciembre, duré diciembre enero, febrero y para finales de marzo el pie se me complicó demasiado y me puso así, ya no podía caminar, fui al médico y ya era muy tarde.

¿Diabetes?

Sí, empezó a cambiar mi salud, porque no estaba produciendo la insulina. Me recomendaban una medicina y yo no me tomaba esa mierda. Comenzó todo con un zapato nuevo, me maltrató el dedo pequeño del pie y ahí se me formó como un callito, se me peló y se me complicó esa herida y no la pude controlar.



¿Hasta cuándo detrás del micrófono y arriba de las tarimas?

Lo de los presentaciones ya no sé. Le pagan a todo el mundo lo mismo, bien que le paguen a todo el mundo, todos necesitan la platica, pero sí debe haber un reconocimiento a la experiencia que se adquiere en ese campo, y no es mucho que yo aguante en eso. Y la radio, hasta donde pueda, hasta donde me salga la voz, no sé, uno no sabe si mañana se muere, si en un año uno no esté, eso depende.

¿Cómo le gustaría que lo recordarán?

Si me voy, no me lloren, y ya, que hijueputa, uno se muere, si hubiera muerto en un accidente de muchacho llórenme, porque uno está comenzando a vivir, pero uno de viejo qué hace, ya uno se convierte como en un estorbo, ya cumplió su ciclo, ya no joda más, entonces que lo despidan a uno con musiquita, me recuerden ahí. Yo he pedido mucho que me lleven a San Martín, que me cremen y me metan allá en un rincón del pueblito, al lado de mis familiares, eso es un anhelo.

'El Topo' dirigiendo uno de sus programas, en el municipio de San Martín (Meta).


¿Qué le falta por hacer?

Algunas cositas, estoy empeñado en extender más la música a otros países. Me parece que hemos trabajado tiempo para abrirle campos y hay con que, estamos haciendo unas cositas, mirando cómo hacemos un apéndice a la programación para que vaya a todo el mundo,  y que uno de mis hijos tome las riendas, pero no los veo muy entregados a eso, usted sabe que uno cuando le gustan las cosas tiene que hacerlas con un empeño grande.

¿Qué se requiere para que la música llanera trascienda?

Todavía hay mucho desconocimiento de lo que es la música llanera. La canción llanera no es tanto el quejido del campesino y eso, sino que ya hay cuestiones muy bellas, ya grabadas, que pueden mostrar una imagen al mundo muy distinta hoy en día, yo creo que se ha hecho mucho por ello, pero no ha tenido ese público, entonces todo lo bello entra bien por el oído. Yo he escuchado canciones que han hecho grupos estudiosos, cosas bellas que lo acercan a uno a Dios con unas arpas y unos sonidos, eso es lo que voy a poner en la emisora para abrirle campo a otra manera de pensar de la música, no ponerla tan campesina, es un origen, pero ya ha crecido.

¿Quién es para usted el mejor de la música llanera?

Yo soy muy seguidor de Reinaldo Armas, considero que le ha aportado muchísimo, soy muy admirador, pero mucho, del ‘Cholo’ Valderrama, cumple con unos parámetros que no tiene otra figura, y ver al ‘Cholo’ es ver al llanero de antes, su pierna, su manera de montar a caballo, su pluma, su cantar, su sombrero, de esos agachados de adelante, cuando le canta al sombrero, él tiene casi una nota perfecta de lo que es un llanero cantante, y mire que lo típico de un cantor de sabana, como ‘Cholo’, ha entrado a muchas plazas del mundo, y el desenfreno de la gente cuando lo oye cantar, él es un personaje que admiro mucho. Y hay muchos cantantes. Admiro a Luis Silva, Jhon Onofre. Hay un muchacho que se llama Miguel Ubaque, que está dando pasos con canciones de su hermano. Hay que aceptar hoy en día, aunque seamos viejos, lo que está haciendo la nueva generación.



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