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La isla biológica del Meta


Una granja turística y autosostenible

Agosto 7 de 2018

La Reserva Natural Rancho Camaná, en Restrepo (Meta), es símbolo de conservación natural y turismo sostenible, en tan solo 1,7 de hectáreas de terreno.

Micos nocturnos habitan en Rancho Camaná.


Mientras quienes la circundan acaban con plantas para ampliar sus zonas comunales o espacios de recreación, allí, en la Reserva Natural Rancho Camaná, integran los procesos de conservación y producción sostenible, en medio de un significativo número de especies de fauna y flora.

El lugar, situado en la vereda Alto Caney, en el municipio de Restrepo (Meta), es una granja agroecológica y Reserva Natural de la Sociedad Civil. En tan solo 1,7 hectáreas de terreno se han registrado 162 especies de aves, 90 de polillas y 60 de mariposas, por citar unas cuantas, porque allí también pasea uno que otro oso palmero y hasta habitan micos nocturnos. De día se ven trepados a un palo de guadua con sus gigantescos ojos somnolientos mientras que en la noche se oyen los aullidos del macho.



No es un lugar presuntuoso. A simple vista es como esa finca humilde de familia de antaño o la de una abuela del piedemonte, con un colorido rancho pintado. Figuras de la fauna llanera engalanan su fachada y al cruzar el pequeño parqueadero se divisa lo que pareciera haber sido un corral para ganado bovino, hoy convertido en una especie de museo del siglo XX. Hay música campesina y llanera. Del techo cuelgan un nido de arrendajo y algunas macetas con plantas de diferentes tipos. Las pequeñas divisiones donde se encerraba el ganado se convirtieron en comedores adornados de antigüedades, es como un museo de pulgas, con transistores, gramófono, planchas de carbón, objetos viejos y muñecas del pasado, entre más de 200 objetos que fueron acumulando sus propietarios. Al fondo, cuelgan cuatro chinchorros para el descanso.



La casa principal de la finca fue adecuada como hospedaje y dotada de piscina. Fue el primer alojamiento certificado en sostenibilidad turística del departamento del Meta. Son cinco habitaciones con 14 camas individuales, no hay aire acondicionado ni televisión. Sus paredes internas están ilustradas con fotografías de aves y mariposas, todas tomadas allí. Los muros externos fueron decorados en su mayoría con pintura natural, de arena.

Al respaldo hay un invernadero en el cual ponen a deshidratar diferentes tipos de plantas, como la citronela, para luego convertirla en aceite; menta y coca para la migraña; y el bore para preparar arepas y sopas. 



Han pasado 21 años desde que en Rancho Camaná se cultiva de manera orgánica para el autoconsumo de sus propietarios y la alimentación de los huéspedes. También hay espinaca, limonaria, citronela, moringa, mandarina, naranja, yuca, estropajo y hasta una pequeña hoja de marihuana en medio de una de las huertas. Más allá está el galpón de los pollos.

Grupos de turistas recorren el sitio, especialmente durante los fines de semana, y los huéspedes, si quieren, salen a cosechar plantas, flores o tubérculos y a recoger los huevos para su consumo. Natalia Otero no solo es la guía, sino que es alma y nervio del rancho, como lo fue su padre Carlos Otero, quien falleció hace dos años, y los es hoy su madre Martha López, con quien vive allí. De ahí salió el nombre del lugar, Ca-Ma-Ná, por sus sílabas iniciales, un espacio que pasó de ser finca de recreo y de ganadería para convertirse en una granja autosostenible, promotora del turismo de naturaleza.



Es domingo en la mañana y Natalia lidera un grupo de veinte estudiantes de Administración de Empresas de la Universidad Autónoma de Nariño, quienes cambiaron un examen académico por un recorrido turístico que será evaluado para la electiva de Contabilidad Ambiental, materia en la que hacen un repaso por el tema de Reserva Natural de la Sociedad Civil. Fue la más cercana que encontraron.

“Este es el establo —advierte, mientras señala con su dedo hacia un canasto lleno de lombrices y cubierto de un plástico— tenemos el lombricompost, esto es para el abono”. Entonces, recoge una manotada de una materia de color oscuro y entre sus dedos se filtran un par de lombrices mientras a su lado gotea un líquido proveniente de los recipientes. 



“Esto era vástago de plátano, ya es pura tierra del trabajo hecho por las lombrices”, agrega, al tiempo que aprieta el material con su mano. Es el humus con el que abonan los policultivos y el líquido que gotea y cae en otro recipiente es el lixiviano. También se usa para fertilización, rendido con agua y dispersado en el ambiente.

Junto al lugar hay una pequeña montaña de desechos orgánicos y de papel higiénico, provenientes de la cocina y de los baños, que cubren con plástico hasta su descomposición. Es abono. Al otro lado de aquel establo hay un lago artificial de agua lluvia, utilizado para el riego de las plantas. El tanque se llena a través de una canal que conecta desde el techo principal de la casa hasta el pozo de agua. También es un criadero de cachamas, se cuentan unas cuarenta.



Una parte del lugar tiene, además, un tratamiento de aguas grises. Instalaron un biofiltro —filtro biológico— a donde van a parar las aguas de la ducha y de la lavandería. Han reducido la producción de basura, incluso, muchas veces el carro recolector pierde la parada. Allí se recicla y con las botellas y el papel se construyen ecoladrillos. Todo es rigurosamente registrado, desde el porcentaje de los desperdicios hasta la cantidad de lluvia que cae a diario. Sus registros indican que este ha sido el año más lluvioso.



Pero el recorrido no termina allí. Al otro extremo de la casa está el bosque. Es como un pequeño mundo natural ambientado con una sinfonía de cantos de aves que se mezcla con la percusión de los pájaros carpinteros, de copetes rojos, brillantes entre hileras de árboles jóvenes. Un lugar ideal para el avistamiento y la meditación.

El sueño de sus propietarias es contar con energías alternativas, aumentar la producción de plantas, realizar allí mismo el procesamiento de los aceites y construir una torre de avistamiento de aves. Y es que más que una finca o granja autosostenible es un estilo de vida, su mundo, su isla biológica.


Andrés Molano Téllez
Agenda Hoy



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1 comentarios :

  1. Excelente trabajo. Sigan adelante, pero por favor divulguen mas sus logros a ver si otros los imitan. Abrazos y exitos.

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