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La asombrosa historia del señor Valois y su refugio animal

Más que un hospital de animales

Febrero 12 de 2019

Cerca de 50 animales de 12 especies diferentes habitan en la finca agroecológica Jomokoby, en Granada (Meta), adonde llegan desde búhos hasta venados para ser recuperados.

Humberto Valois Téllez se encarga de curar a los animales. Luego los deja en libertad. Fotos: Revista Agenda Hoy.


Humberto Valois Téllez, de 73 años, podría ser la versión real del Dr. Dolittle, ese personaje encarnado por el actor Eddie Murphy en cuya película, del mismo nombre, descubre que tiene habilidades para hablar, comprender y curar a los animales.

Esta garza amarilla  (syrigma sibilatrix) fue curada por Valois, ahora vive con ellos en libertad.


Pese a que el señor Valois, el de la vida real, no es un médico sino un campesino, a diario se le ve en su finca curando a los animales y hablándoles a la garza que cojea bajo sus pies, al búho tuerto que guiña su único ojo, a la tortuga cuyo caparazón otros convirtieron en lienzo o al pequeño cervato que su esposa ayuda a criar.



Su casa es una finca de unas seis hectáreas y está ubicada en la vereda Las Brisas del municipio de Granada, en el Meta (antigua vía a San Juan de Arama). Calcula que en esa porción de tierra de su hogar habitan unos 50 animales de 12 especies diferentes, y la mayoría de ellos han sido llevados por entidades ambientales como Cormacarena. Es uno de los sitios de recuperación de varias especies incautadas a tenedores ilegales que en muchas de las veces han maltratado a los animales. Una vez recuperados, el señor Valois los libera.

Amistades insólitas, las que se ven en la finca de Valois.


Hace 21 años inició el cuidado de los animales en ese mini zoológico. “Yo hice la solicitud para criar chigüiros, pero me decían que era imposible que se reprodujeran en un espacio de terreno pequeño como el mío, pero les demostré que sí se era posible. Luego me empezaron a traer algunos animales enfermos, búhos, venados, chigüiros, a muchos los he alentado y soltado, hay un búho tuerto, ya lo alenté, esa garza tenía una pata partida, y ya es mansita, anda conmigo, ella anda para el monte, es como la osa, que sale y vuelve”, dice Valois, de origen santandereano y quien desde niño se enamoró de los animales.

Uno de estos búhos perdió un ojo. Está en recuperación.


Pero esa labor, no remunerada, tampoco ha sensibilizado a los gobiernos local y departamental ni a Cormacarena, de los cuales no recibe ningún tipo de apoyo económico. En muchas ocasiones dejan los animales y se desentienden de los mismos. Por eso, la finca agroecológica Jomokoby (chigüiro en lengua guahibo) ahora ofrece visitas guiadas a estudiantes y turistas, con zonas de camping y oferta gastronómica —sancocho, carne oreada y mazamorra antioqueña—, en busca de rubros que permitan mantener el sitio para la recuperación de la fauna y mejorar los encerramientos. Algunos animales han cruzado la cerca y se han convertido en blanco de cazadores y de imprudentes al volante.

Edilia Marín, esposa de Humberto Valois, también se encarga de cuidar los animales.


La finca también cuenta con un zoocriadero de lapas y chigüiros, y los venados que han llegado para su recuperación han hecho del sitio su hogar. Hace cuatro días nacieron dos crías y los cervatos ahora duermen en un par de cajas que sus dueños acomodaron en un rincón de la cocina, que es como una jaula para humanos, enrejada para evitar que los animales que pasean por la finca acaben con la comida. Edilia Marín, la esposa del señor Valois, es como una madre canguro, les da a beber leche (en polvo) de un biberón mientras los arrulla en su canto. Los tratan como bebés, les hablan con diminutivos y todos los animales están bautizados con nombres que describen sus características.



También hay cajas con polluelos de gallos australianos y de picos de plata que chillan por alimento, más de 200 aves de corral, un perico que pica el maíz sobrante de un pequeño molino, un venado que lame el pelo de un gato, una osa palmera que llega a pedir comida, un halcón miniatura que duerme en la casa y alza el vuelo al amanecer, el búho tuerto que se traga los patos, un gallito de monte que el nieto de Valois alimenta con alevinos, dos pavos reales que se contonean frente a sus cuidadores y siete especies de loros que revoletean por la casa de aquel hombre que cura, cuida y les habla a los animales, el Dr. Dolittle del llano.

Estas aves fueron rescatadas del comercio ilegal.


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