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El chácharo, un instrumento refundido en los Llanos Orientales


Un ‘bajo’ hecho con vejiga de res

Mayo 2 de 2019

Su sonido es similar al bajo y es hecho con alambre, madera y vejiga de res. Se conocen tres versiones de su historia.

Partes del chácharo.



A comienzos de los años cincuenta del siglo XX, en medio del fragor de la violencia bipartidista, los guerrilleros liberales del comando de Guadalupe Salcedo idearon un extraño instrumento musical: el chácharo, una suerte de bajo acompañante para sus parrandos clandestinos.

El chácharo es un instrumento monocorde interpretado por dos personas: una cuerda de alambre dulce de 1m a 1.20 m es tensada sobre un sistema doble de cuñas de madera que a su vez reposan sobre un palo cuadrado de balso o de majagüillo que hace las veces de resonador. Uno de los intérpretes frota uno de los extremos de la cuerda con una vejiga de res —seca e inflada—, al tiempo que el segundo golpea rítmicamente la cuerda con un par de baquetas.

El 17 de diciembre de 2018 fue presentado el instrumento en la sala múltiple del Banco de La República.


El sonido del instrumento es similar al gruñido del saíno (Pecari tajacu), cerdo de monte, de amplia distribución en América, también conocido en la Orinoquia como chácharo. De allí su nombre.

En las filas guadalupanas había combatientes oriundos de diferentes departamentos del país. De Santander, de Cundinamarca, de Boyacá y de Tolima, entre otros lugares. Es muy probable que la idea matriz del chácharo sea la evocación del carángano (o bolillo), un instrumento musical de origen africano que aún sobrevive en los departamentos de Huila, Cauca y, en algunos estados de Venezuela. En el caso del carángano, la caja de resonancia es un trozo de guadua a la cual se le hacen unas incisiones transversales para sacar de allí mismo sus cuerdas. El carángano también se percute con un par de baquetas (bolillos), pero su interpretación no requiere de algo como una vejiga de res. Así entonces, el chácharo no se parece mucho a su lejano pariente musical.

Nicole Fernández realizó un documental sobre el chácharo.


Del origen del chácharo se conocen tres versiones:  la primera, del folclorista araucano Hugo Mantilla Trejos, quien según versión obtenida de un exguerrillero liberal en los años noventa, este sui generis instrumento musical habría sido inventado por un comando localizado en Bocas del Pauto, cerca de Trinidad, Casanare, para un parrando de nochebuena en 1952 o 1953. La segunda versión es la del fallecido compositor Roosvelt ´Choni´ Vanegas. Este músico aseguraba que el chácharo vio la luz en medio de la insurgencia liberal del municipio de Tauramena, Casanare. El tercer relato lo aporta el sanmartinero Prisciliano Gutiérrez, reconocido lutier de instrumentos musicales llaneros, quien cuenta cómo su conocimiento del chácharo le viene de su infancia campesina en una finca cercana al lugar conocido como Bocas de Iriqué, en el municipio de Fuentedeoro, Meta. Según Prisciliano, unos guerrilleros del comando de Guadalupe Salcedo habrían llegado, procedentes de Casanare, a este paraje del Ariari en 1953, con el objetivo de entregar un recado a Dumar Aljure, otro reconocido rebelde de los llanos. Esta vez, la ocasión coincide con un parrando a celebrarse el 8 de diciembre.

Así las cosas, las huellas originarias del chácharo se refunden en un extenso triángulo demarcado por los municipios de Trinidad, Tauramena y Fuentedeoro.



Cuando se termina el conflicto armado bipartidista de los años cincuenta, el chácharo cae en el olvido. El instrumento volvería a sonar hasta abril de 1997 en un concierto titulado ‘Rescate llanero’, por iniciativa de Édgar Castro Tejeiro, coordinador del área cultural del Banco de la República, sucursal Villavicencio. En aquel momento, por mediación del bandolista Manuel García ‘Tocayo´, se le extiende la invitación a Prisciliano Gutiérrez para que reconstruya el instrumento y lo interprete, junto a un conjunto tradicional llanero, en dicho evento. Ese mismo año, según Prisciliano Gutiérez también se interpreta el instrumento en el festival de El Garcero del Llano, en Yopal, Casanare, y en un encuentro de tradiciones llaneras en Arauca.

En 2002 se le vuelve a escuchar en el Torneo Internacional del Joropo. Y después vuelve a silenciarse.

En 2018, Ómar Eduardo Gómez Reina, artista plástico y escritor, emprende una investigación titulada ‘Tras las huidizas huellas del chácharo’, con el apoyo del área cultural del Banco de la República, sucursal Villavicencio. La investigación tiene como objeto la recuperación de la memoria histórica del instrumento y su posible actualización en el contexto de la creación sonora experimental contemporánea, así como el reconocimiento y divulgación de la vida y obra de Prisciliano Gutiérrez, el lutier depositario del saber en torno a este extraño artefacto sonoro.

A la joven realizadora villavicense Nicole Fernández se le encarga la realización de un corto documental, como parte de esta labor de reconstrucción histórica. La noche del lunes 17 de diciembre de 2018 en el aula múltiple del área cultural del Banco de la República en Villavicencio, con una nutrida asistencia de público, se llevó a cabo la socialización de la investigación que incluyó una muestra interpretativa del instrumento y la presentación del documental. 
       

Ómar Eduardo Gómez Reina
Especial para Agenda Hoy



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