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102 años del terremoto en Villavicencio

Así se registró la noticia


Agosto 31 de 2019

El viernes 31 de agosto de 1917, a las 6:30 de la mañana, se registró en Villavicencio un terremoto que dejó ocho personas muertas, varias viviendas construidas en adobe quedaron inhabitables, la iglesia sufrió varios daños, entre ellos el desplome de una pared, y muchos habitantes se vieron obligados a pasar las noches siguientes en carpas instaladas en potreros.

Fotografía de la iglesia de Villavicencio después del terremoto del 31 de agosto de 1917.


El padre Luis María Mauricio Dieres Monplaisir, director del periódico Eco de Oriente, registró los acontecimientos en varios artículos, el primero fue publicado el domingo dos de septiembre, dos días después del siniestro, y el segundo, el jueves 6 de septiembre de 1917 bajo el siguiente titular: La catástrofe – los muertos – las víctimas – caridad cristiana – lecciones morales – escarmiento.
Agenda Hoy hace la trascripción de las noticias manteniendo la forma de escritura de la época, sus arcaísmos, y los signos de puntuación, que en esta época parecerían errores ortográficos:


Septiembre 6 de 1917. Portada del Eco de Oriente de Villavicencio.



Septiembre 2 de 1917
Terremotos

“El viernes 31 a eso de las 6:30 cuando una parte de la población empezaba sus faenas y otra ola el santo sacrificio de la misa, un fuerte terremoto batió sus alas fragorosas por todos los ámbitos, llenando de pánico y azoramiento a la población de Villavicencio.
“La iglesia que, con el sudor de 8 años consecutivos de trabajo, había sido tan elegantemente construida quedó reducida a escombros sepultando bajo sus ruinas a ocho personas, y seis heridos de gravedad; el palacio episcopal adorno de la población, también quedó reducido a ruinas, muchos de los edificios cuya construcción era de adobe quedaron inhabitables, innumerables son también las pérdidas habidas en los almacenes y tiendas.
“El día trascurrió en un continuo ir y venir de las multitudes y trepidar de las furias subterráneas.
“Hasta las 12 del día de ayer, hora en la que se imprimía nuestro periódico, la población permanecía incomunicada con Bogotá y demás poblaciones de Oriente”.

Vista interna de la iglesia de Villavicencio después del terremoto. Foto publicada en el periódico Eco de Oriente.

 
Septiembre 6 de 1917

El terremoto en Villavicencio
La catástrofe – los muertos – las víctimas – caridad cristiana – lecciones morales – escarmiento


“Villavicencio no tuvo la suerte de ser advertida del peligro que corríamos todos, de que sucediese alguna desgracia en las horas de la mañana del 31 de agosto del mes pasado.

“Antes, y aterrorizados por los temblores de la noche del 29 al 30, numerosísimas personas se acercaron al Santo tribunal de la penitencia para al otro día recibir con devoción a su Señor y Criador.
“El viernes pasado, a las 6 de la mañana, casi la mitad de la iglesia se llenó de mujeres, niñas y niños quienes preparábanse devotamente a recibir la Santa comunión.

“Comulgaría la mitad de los feligreses reunidos, cuando principió el terremoto del cual no nos atrevemos a hacer la descripción. Llenóse el templo de polvo de cal y de ayes! Los sacerdotes y los niños se hicieron a la sacristía cuyas paredes por bondad y providencia de Dios no alcanzaron a desplomarse.

“Guardado el Santísimo Copón en el Sagrario; el sacerdote que oficiaba y por la polvareda de cal no alcanzaba a ver lo que pasaba en el interior del ya destruido edificio, rezó en voz alta el Señor Mío Jesucristo y dio la absolución, exigiéndola para sí mismo de otro sacerdote, pues nadie pensaba salir sano y salvo de aquella hoguera de dolor.

Al fondo se ve el lienzo de pared que se vino al suelo sepultando a siete personas en la iglesia de Villavicencio.


“Cano por el polvo y todavía revestido de los sagrados ornamentos, caminando por entre escombros, tropezando con los heridos y trayendo de la mano a algunas niñas perdidas en medio de tantas zozobras, el sacerdote se apareció a la puerta de la iglesia dando a conocer la salvación de los demás padres y de los niños. Ya las hermanas niñas (80) y mujeres habían salido ilesas, después de haber presenciado el desplome de la pared y de los arcos que formaban la nave del altar de la Virgen.

“De la iglesia han quedado, pero sí, desniveladas: la nave central y lateral de San José, cuya estatua permaneció en un sitio, así como la de los San Luises Gonzaga y de Montfort; las demás vinieron al suelo. Lo propio pasó en la casa cural. Todas las estatuas de los aposentos de los Padres estrelláronse contra el entablado quedando firme en un nicho la de San José colocada en el frente de la capilla de Su Señoría. La del Bto. Luis de Montfort que protege la entrada del patronato rodó al suelo y quedó intacta.

“Protección visible de aquellos dos santos cuya devoción quisimos inspirar a los niños y niñas confiados a nuestro cuidado.

“Las únicas partes que por de pronto quedaron firmes eran las que protegían en la iglesia esas mismas efigies a los pies de las cuales se encontraban agrupados los niños y las niñas.

“Por haberse separado de sus compañeros, pensando favorecerse mejor, pereció el niño Gabriel Camacho. Enfin, no es cierto que las puertas de la iglesia se hubieran cerrado ocasionando pánico y luego muertes lamentables, pues, por esas mismas puertas salieron cuantos se salvaron del desastre y que por otra parte, los cadáveres se encontraron a los pies del camarín del Cristo, cadáveres de personas ancianas, débiles, que no pudieron correr y hasta se impidieron mutuamente. El niño recibió un ladrillo que le partió el cráneo casi al pie del altar de Nuestra Señora del Carmen.

El palacio episcopal de Villavicencio no sufrió mayores daños.


“Hemos publicado ya, la lista de los que murieron aplastados o asfixiados bajo el peso de varios metros cúbicos de tierra y adoves que hasta encontrar el número de personas que hicieran falta o se echaran de menos en sus hogares, valerosamente y animados por la presencia de las autoridades eclesiásticas y civiles, algunos esforzados fueron removiendo en los cortos intervalos del sosiego que dejaban los temblores sucesivos.

“Las personas que resultaron heridas a consecuencia del terremoto del 31 de agosto son las señoras y niñas: Pastora Rey de Lemos, Rosario Vejarano de Morcillo y Adelaida Gutiérrez, María del Carmen Rey y su hermanita, Rosa María Rojas, Natividad Gutiérrez y Mercedes Díaz.

“Estas elegidas fueron verdaderas mártires cuyos miembros resultaron horriblemente despedazados bajo el peso de la ira divina que ellas mismas, conforme lo manifiestan con evangélica sencillez, se ofrecieron a recibir, víctimas expiatorias y propiciatorias.

“Es doloroso y satisfactorio a la vez pensar en que no hubiera sido por las entidades de las R.R.H. Hermanas, los únicos médicos de cabecera que se compadecieran de ellas, enfermas tan dignas de excitar nuestra compasión, por pobres y víctimas, hubieran dejado de existir ya, llevando a doce y más, el número de los muertos. Sí, fueron las hermanas las que extrajeron las partículas de huesos molidos, cosieron las llagas de las piernas abiertas de la cintura abajo, las de la cabeza, y siguieron visitando a diario con drogas y estuches a tan simpáticos pacientes. ¡Honor a ellas!

“No quedó ni una casa de adove sana, todas resultaron agrietadas, y las que más sufrieron fueron aquellas cuya construcción recia y firme, ofreciendo más resistencia, no se dejaron mecer al compás de las olas subterráneas.

“Los daños tanto de la iglesia como de la casa cural pueden avaluarse en $15.000 oro.

“El temor a nuevos temblores así como la poca seguridad que presentan hasta su refacción, paredes veteadas y desniveladas, bóvedos falsos, etc. Obligaron la mayor parte de la población a ranchar en la mitad de las plazas y potreros.

“El patio del Patronato destinado a las diversiones privadas de los niños y públicas de la población, sirve por ahora de iglesia cuyo presbiterio y coro son respectivamente el palco o proscenio y la ramada de abajo. Esta misma ramada es todo el alojamiento que les quede a los R.R. Padres.

“Sin desalentarse, estos que han dado pruebas inequívocas de su espíritu esforzado van a dedicarse no a la reedificación de las ruinas sino a la restauración de lo que tenga remedio, siquiera para borrar las huellas desconsoladoras del cataclismo y no parar la vida social de la cual ha sido centro el edificio que, hasta ayer no más, era el más hermoso de Villavicencio.

“Dos son las lecciones que nos dejó el cataclismo cuya reseña hemos querido dar aunque turbado el espíritu y trémula la mano por tantas novedades.

“Por ahora escudriñaremos la primera de orden espiritual y es esta:

“El hombre, aunque de buena salud, sin aviso previo puede recibir de Dios una orden terminante que le ordene comparecer ante su santo tribunal para allí rendir cuenta de su vida.

“Cada cual luego, puede decir: si la catástrofe no me ha arrollado, es por la inmensa misericordia que Dios me tiene y como para avisarme del peligro que corre mi alma sumida en el fango de los vicios. Si Dios no me ha citado, es porque bondadoso conmigo, quiso que escarmentara.

“Puede ser, que este llamamiento sea el último que reciban varios de mis lectores, y si no lo oyen quien sabe cuál será su suerte eterna.

“Sacrilegio sería recibir las lecciones que el Todopoderoso se dignó dictarnos del 30 de agosto al primero de septiembre, achacando las desgracias a la devoción o a las hermandades, esta advertencia que con el alma pavorosa transmitamos al papel no es inútil hacerla pública, pues solo inconscientemente, o por efecto de la costumbre, hubo quienes lo dijeran o pensaran. Semejantes injurias a Dios N.S., su mano fuerte e irresistible podría castigarlas, no llamando a sí a los justos, en el momento de su unión con Él, sí, a otros menos preparados y en la celebración de orgías o reuniones que son de las que se acostumbran en la antesala del paraíso, mucho menos en la presencia del juez que todo lo ve y cuyo fallo sin apelación no admite más tramitación que la confesión de parte a la cual nos obliga su sabiduría e ilimitado derecho sobre su criatura.

“Horroriza solo el pensarlo y sin embargo es preciso decirlo para el escarmiento de todos: el terremoto que produjo los efectos de una verdadera misión ¿logrará el que cese la mala vida que llevan tantos?... y en público! Ya que los mismos niños se dan cuenta de ello.

“¿Escarmentarán y pedirán perdón a Dios aquellos quienes aprovecharon el primer temblor del 29 por la noche, recorrer las calles de la población, mofándose y escandalizándose?

“Son un puñado, son contadísimos, no lo niego, pero, una gota basta para llenar la medida y hacer que la ira de Dios se lance sobre sus criaturas rebeldes.

“A quienes quiere, Dios castiga. Por lo tanto, Dios nos quiere pues nos permitió que nos llegara el aviso que recibieron las demás poblaciones, Dios nos quiere, pero, ay del que no sabe corresponder al amor divino!”



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