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Pilar Schmitt, llanera tenías que ser

Historia de vida

Agosto 26 de 2019

Detrás de la exitosa presentadora se esconde una faceta de madre que ha batallado por la salud de uno de sus hijos. Esta es su historia.

Pilar Schmitt es una de las periodistas y presentadoras de entretenimiento más reconocidas en Colombia. Foto: Caracol Televisión. 


 La mirada de Michelle Obama se propaga cual efecto Mona Lisa en la plácida morada de Pilar Schmitt. El libro Mi historia, en el que la exprimera dama estadounidense hace las revelaciones más íntimas y francas, reposa en la mesa de centro y es como un faro guía para la presentadora llanera, quien también un día decidió contarle a todo el mundo una historia que solo estaba reservada para su sagrado círculo familiar; un círculo cuyo centro es el párvulo que acaba de pasar el umbral en su bólido. Paren todo que llegó Martín.

Pilar lo mira y de inmediato sus ojos rezuman un brillo especial, un híbrido de alegrías y nostalgias por los dos años que acaban de pasar y en los que el benjamín de la familia superó con valentía y constancia un cuadro de hipotonía que le fue diagnosticado por una madre tan intuitiva y amorosa como Pilar. De aquel iluminado encuentro en Villa de Leyva ya hablado esta mujer que en ningún momento dejó apagar su rostro con el encendido de las cámaras y los reflectores.

Y hablará hasta el cansancio, porque está convencida de que su historia debe ser un ejemplo para muchas madres que tienen el poder de evitar que sus hijos crezcan con alguna enfermedad, curable a tiempo, si atienden rápido sus corazonadas y no se quedan con los escuetos conceptos médicos que concluyen que  «[…] el niño está perfecto y lindo. Creciendo sano y fuerte». Gracias a la prodigiosa intromisión de Adriana Rueda, hoy Martín es una ráfaga de alegría. Un valiente que aguantó dos años ininterrumpidos ―ocho horas diarias― de terapias Vojta.

En su casa en el norte de Bogotá. La presentadora de muy devota a la Virgen María. Foto: César Muñoz.


Dicho tratamiento es un método de fisioterapia que activa el sistema nervioso central, y que Pilar ―teniendo al pequeño, que ya buscó sus brazos― describe como una suerte de acupuntura mediante la cual se hace presión en distintas partes del cuerpo, como la tercera costilla. Martín lloró mucho en el proceso, pero se trataba de elegir ese llanto temporal o un sufrimiento para toda  la vida a causa de una irreversible parálisis cerebral.

Entonces, Pilar insiste en que el instinto materno tiene un poder sanador si hace oídos sordos a las necedades. Tanto ella como Adriana fueron tildadas de locas y depresivas posparto. Sí, unas locas obsesivas que encontraron el camino correcto para buscar la sanación de sus hijos, un camino que las llevó a las manos de los médicos Francisco Aldana y Olga Estrada. El primero, un neuropediatra que implantó en Colombia el método creado hace un siglo por su homólogo checo Václav Vojta. «Que los pediatras no se limiten a medir la talla y el peso del bebé, sino que vayan un poco más allá», reclama Pilar.

Aquí, junto con sus hijos Sara Sofia y Martín. Foto: Archivo familiar.


Hoy, liberada de esas angustias que había guardado para sí, esta periodista y exreina del Meta se expresa con el mismo desparpajo que proyecta en televisión, y se describe cercana a la gente, conversadora y afable. Tal vez, de no ser por ese carácter cálido, habría impedido que Adriana entrara para bien en su vida, pues es natural que ninguna mamá acepte una sílaba sobre sus hijos. Pilar comprendió que el encuentro en Villa de Leyva con su hoy buena amiga era la confirmación de algo que ella presentía y que lloró en silencio.

Con ese dilema que supo sortear, Pilar Schmitt volvió a hacer el curso de maternidad después de más de diez años. Un nuevo comienzo, un nuevo aprendizaje que hoy se goza más por cuenta de la madurez y la experiencia, confiesa quien, como el canto llanero «fue amasada con pimienta, es alegre para la fiesta y es sencilla como mujer».

Las razones de su éxito

Pilar nació en Villavicencio. Es hija de madre barranquillera  y padre alemán, fue representante del departamento del Meta en el Reinado Nacional de la Belleza y aunque es consciente de que el certamen aceleró el proceso, siempre tuvo claro que quería dedicarse al periodismo de entretenimiento. Recuerda que mientras a las demás candidatas les llovieron las flores y los novios, a ella le llovió trabajo. Y no ha parado, desde la década de los noventa cuando hizo sus primeras apariciones en los programas de Producciones Jes y el matutino En vivo 9:30.

Su carrera exitosa se potenció en Noticias Caracol, donde está vinculada laboralmente. Foto: Caracol Televisión.


En ese largo recorrido aprendió a no quedarse solamente en la presentación, sino a producir las notas, a investigar y, sobre todo, a tener un contacto piel a piel con la gente. Pilar camina el barrio, entra a las casas, a las cocinas, destapa las ollas y las pailas, prueba y aprende sazones y consejos. Dice que en su oficio pone a trabajar todos los sentidos, y que su disciplina, preparación y constancia le han permitido mantenerse vigente, más cuando los puestos en los medios de comunicación son indirectamente proporcionales a la desbordada cantidad de jóvenes que salen de las universidades con la esperanza de poner su cara bonita al servicio de la información.

Ha disfrutado plenamente su profesión, y vivido una que otra situación tensa en ese trasegar por Colombia y el mundo, como el concierto Venezuela Aid Live y la barahúnda que se armó la noche del 20 de diciembre de 2015 en el Planet Hollywood Resort de Las Vegas, durante el efímero Miss Universo de Ariadna Gutiérrez. Pilar Schmitt había ido como enviada especial de Caracol Televisión y, al igual que los demás corresponsales, fue ubicada en una sala de prensa aparte del escenario.

Cuando Pilar estaba lista para reportar en directo la buena nueva, se cayó la señal satélite y se precipitó un ruido, tan ensordecedor, que la presentadora alcanzó a pensar que estaba sucediendo una tragedia. Pilar, como Ariadna, no lograba entender cómo Steve Harvey, el tristemente célebre presentador, anunció como ganadora ―y por error― a la colombiana y tardó cuatro largos minutos para rectificar y decir que quien realmente se llevaba la corona era la reina de Filipinas.

Fue un momento tan triste como anecdótico que Pilar suma a su historia como reportera, historia que ha construido estando en cientos de eventos que enlistan las noticias amables que sacan a los televidentes de las tragedias y de los temas que a diario despiertan su indignación. Se ha vuelto experta en temas de artistas y de fiestas tradicionales como el Carnaval de Barranquilla, el Carnaval de Negros y Blancos y, claro, el Torneo Internacional de Joropo, el que la devuelve a su niñez y a otra fiesta llanera que lleva en el alma, la Feria de Catama (ExpoMalocas).

Como en el alma guarda el mítico amanecer llanero que describe como un mar infinito de ilusiones, de sueños, de colores cálidos de palmeras y morichales, que se ambienta con arpa, cuatro y maracas, y que se escribe con poemas cantados por Walter Silva y el Cholo Valderrama. Pilar Schmitt se escapa al ombligo de Colombia, a ese amanecer, cada vez que puede. Allí están sus padres y su esencia.

Pilar tiene muchos amigos. Los tiene en los Llanos y en cualquier lugar que pisa, por su jovial carácter que hace que «se ahorre diez años de amistad», pues la confianza es plena cuando entra en contacto por primera vez con las personas. Martín ha dejado caer el tetero, duerme profundo y tranquilo en los brazos de mamá. En pocas horas será un nuevo y feliz amanecer llanero en Bogotá. Michelle Obama también se complace.


César Muñoz Vargas




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