Ecos de abril: narrar para no olvidar
Abril 9 de 2026
Hoy jueves 9 de abril, en desarrollo del Día de la
Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, estudiantes de
Comunicación Social-Periodismo de Uniminuto Villavicencio organizaron el
webinar Ecos de abril: un legado que florece, un espacio que, más que
conmemorar, buscó interpelar.
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| Julio Daniel Chaparro (q.e.p.d.) y Héctor Rolando Chaparro, hermano del periodista y poeta asesinado. |
La voz central fue la de Héctor Rolando Chaparro Hurtado, hermano del
periodista y escritor Julio Daniel Chaparro Hurtado, asesinado en 1991 en
Segovia, Antioquia, mientras cubría una masacre. Su intervención no se limitó
al recuerdo, fue una defensa del oficio periodístico como ejercicio ético,
estético y profundamente humano.
La urgencia de contar
«Hay una urgencia de preguntarnos y decir algo, de contar
historias», insistió Chaparro. Recordó que, desde niño, Julio Daniel ya tenía
esa pulsión por narrar, por ir más allá de las evidencias inmediatas. Esa
búsqueda, dijo, terminó definiendo tanto su vida como su muerte.
En su relato, la memoria familiar se entrelaza con la geografía. La migración desde las sabanas boyacenses hacia los Llanos Orientales no fue solo un desplazamiento físico, sino una experiencia que marcó la sensibilidad de Chaparro como cronista. «Se movilizan cuerpos, geografías y sentidos», explicó, evocando una conexión casi literaria con el paisaje, cercana a las imágenes de La Vorágine.
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| Héctor Rolando Chaparro, durante el evento "Ecos de abril, un legado que florece". |
Uno de los ejes más contundentes del encuentro fue la
crítica al estado actual del periodismo en Colombia. Para Rolando, el oficio ha
sido despojado de su esencia en medio de dinámicas mediáticas que privilegian
la comodidad y el espectáculo.
«Parece que muchos periodistas están apoltronados en las
salas de redacción», dijo, cuestionando la distancia entre los medios y los
territorios. Reivindicó la reportería como la matriz del periodismo y alertó
sobre la pérdida del lenguaje: «Hoy está lleno de lugares comunes. Ya no
interesa explorar».
En contraste, evocó la apuesta de su hermano por un periodismo que dialogaba con la literatura, que encontraba en la palabra una forma de dignificar la realidad. En Segovia, por ejemplo, Julio Daniel buscó honrar a las víctimas a través de una serie de crónicas titulada «Lo que la violencia se llevó». Un intento por devolverles nombre, historia y humanidad.
Leer para resistir
El llamado a la lectura fue constante. Rolando no lo
planteó como un hábito académico, sino como una condición para ejercer el
periodismo con profundidad.
«Para que el lenguaje tenga presencia en la realidad, se
necesita leer permanentemente», afirmó.
En su evocación aparecieron autores como Gabriel García
Márquez, William Faulkner, Truman Capote, Álvaro Cepeda Samudio y Andrés
Caicedo, algunos referentes que marcaron la formación de Julio Daniel.
Leer, en este contexto, es resistir a una sociedad que, según advirtió, está «anestesiada» por el consumo de entretenimiento superficial.
Más allá del periodista, el hermano recordó al ser humano, un hombre atravesado por la música, la bohemia y la amistad. Le gustaban la rumba, los boleros, la salsa y las canciones de Silvio Rodríguez. Esa dimensión vital también hacía parte de su escritura.
Si hoy pudiera hablarle a los jóvenes, dijo Chaparro, su
mensaje sería claro: «Hay que estar en la calle». La reportería no es solo una
técnica, es una forma de vivir el mundo.
«Las cosas hechas sin pasión se convierten en cosas sin aura, sin memoria», agregó, e invitó a vivir y narrar con intensidad.
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| Estudiantes de Comunicación Social-Periodismo de Uniminuto junto con Rolando Chaparro, hermano de Julio Daniel, y los profsores Hamilton Fuentes Centeno y Andrés Molano. Téllez |
Memoria viva, no retórica
El evento también dejó una crítica a las conmemoraciones
oficiales. Para Chaparro, existe el riesgo de que fechas como el Día de las
Víctimas se conviertan en «retórica institucional», vaciada de sentido.
Sin embargo, destacó iniciativas que buscan mantener viva
la memoria, como la creación de un premio de periodismo en honor a Julio Daniel
y los esfuerzos de organizaciones de presan, universidades y centros de memoria
histórica.
«Muchas veces la muerte no es una ausencia, sino una
presencia», dijo, sorprendido de que, décadas después, su hermano siga siendo
recordado.
El miedo y la resistencia
El miedo, reconoció, sigue siendo una constante en el
ejercicio periodístico. Pero ha mutado. Ya no siempre se manifiesta en
asesinatos, sino en formas más sutiles de silenciamiento, como presiones de
empresarios, gobernantes o incluso del sistema judicial.
Frente a ese panorama, insistió en la necesidad de
defender el periodismo como pilar de la democracia. «Si no existe el libre
ejercicio de la información, la democracia se derrumba», advirtió.
En ese sentido, los medios digitales representan una
oportunidad, aunque también enfrentan tensiones. Pueden ser herramientas para
escapar de las lógicas corporativas, pero no están exentos de las disputas por
el control de la palabra.
Hacia el cierre, Chaparro recurrió a una idea poderosa, y es que incluso en los momentos más extraordinarios de la humanidad, como llegar a la Luna, lo que persiste en los astronautas, por ejemplo, es la necesidad de contar historias en ese viaje. No fórmulas, no datos, sino relatos.
Y retomando a Walter Benjamin, habló del declive de la
narración frente al lenguaje informativo, «estéril» y desprovisto de
compromiso. Recuperar el «aura» de la palabra, dijo, es una tarea urgente.
Quizá ahí radica el verdadero legado de Julio Daniel
Chaparro, en entender que el periodismo no es solo informar, sino narrar con
profundidad, con ética y con belleza.
Al cierre del encuentro, a partir de la lectura de la
poesía de Julio Daniel Chaparro, se construyó de manera colectiva un poema
inspirado en su obra. Sus fragmentos, escritos por los propios estudiantes en
pequeños trozos de papel, fueron ensamblados por la estudiante Arik Rave:
FLORECER
Una mirada
profunda.
¡Esto no!
Sueño para evitar
la condena del tiempo.
Pasajeros son
los sueños
que florecen,
voces que el viento
guarda,
dolor que enseña
a sanar.
Yo me muero
como viví.
Hay voces que,
aún en silencio,
dicen verdades
contra todo pronóstico.
Dejar huella
con propósito:
¡valentía y pasión!
Resistencia para la vida,
necesidad
de contar.
Piensen que
he vivido.
En memoria de Julio Daniel Chaparro.



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