Donde los días galopan libres y felices
Fotografía: Leo Aguirre. |
I
La primera imagen de Villavicencio, antes de descender
del último resquicio de la montaña, es una tierra tasajeada por el hilo
imaginario que galopa entre su vientre. Allá, donde se inauguran las mañanas
para el mundo y los días galopan libres y felices. La llaman ‘La Puerta del
llano’. Yo diría que es la del paraíso colombiano.
Aún recuerdo a Villavicencio instalada bajo el
eco de sus cascos, en el punto exacto de su propio vértice entre planicie y
cordillera, cuando el rumor del galope inagotable fatigaba sus calles. Eran los
años 60.
Villavicencio es piedemonte llanero. Foto: Gerardo Cadavid. |
La mirada se extasiaba desde el piedemonte hacia
la línea llana, mientras los habitantes, en las aceras de la plazoleta Los
Centauros, ataban su cabalgadura, bebían café cerrero y hablaban de precios de
ganado.
Su olor aún no era de ciudad, la bosta de potros
y ganado nos ofrecía el aroma del verde, la magia y lo desconocido.
Calma y placidez recorrían entonces estas calles
que se resistían a cambiar su condición de cruce de caminos ganaderos.
Bajo el escaso pavimento se deslizaban las coplas
y los cantos de camino.
El tono ascendente de los alcaravanes aún se
escuchaba en los solares de las casas, donde había espacio para el gallo y el
loro y los perros cazadores.
Por las puertas siempre abiertas de las casas,
asomaba el sudoroso llanero en su montura, procedente de algún pueblo
extraviado en esas planicies casi vírgenes del oriente colombiano.
Catedral de Villavicencio, en la plaza Los Libertadores. Foto: Óscar Fabián Bernal. |
II
Para Villavicencio diciembre era mucho
más que Navidad y Año Nuevo. A comienzos del último mes del año, la pequeña
ciudad se inundaba de gente, de artistas y de música provenientes de los cuatro
puntos cardinales, que descendían por la descuajada cordillera, para instalarse
por unos días con todo su talento en el más importante evento nacional de la
época: el Festival de la Canción Colombiana, creado en 1962 por el legendario
maestro Miguel Ángel Martín, y donde se lanzaron con sus primeras notas para la
historia, temas como Ayer me echaron del pueblo, del compositor José A.
Morales.
Gracias al Festival, Colombia supo que existía
esta ciudad, y el mundo de la música conoció a personajes de la talla de Arnulfo
Briceño Contreras, Jesús David Quintana, Mario Gareña, Carlos Julio Ramírez,
Álvaro González, entre otros, y canciones como ¡Ay, mi llanura!,
Cartagena Contigo, Las cosas más sencillas del amor,
Villavicencio, Amándote y Bajo la luna, que fueron parte de su
gran cosecha artística para el mundo.
En 1965, también de la mano de Miguel Ángel
Martín, se dio origen al evento más importante –y vigente– de la cultura
llanera en los llanos colombo-venezolanos: el Torneo Internacional del Joropo.
Capítulo aparte que ha abierto todas las puertas del mundo con sello de origen:
Villavicencio.
III
A comienzos de los 70, los ríos insignes
que rodeaban la ciudad, el Guatiquía, el Maizaro y el Ocoa, aún fungían como
balnearios naturales. Y ya la Villavicencio urbana empezaba a robarles espacios
a las fincas ganaderas para ampliar su nuevo rostro citadino.
El asfalto comenzó a tomarse las viejas
calles otrora de pasos ganaderos, y se extendió hacia los demás municipios del
Meta.
Se daba paso a nuevas formas de
infraestructura, pero a la vez, a manifestaciones multiculturales que
dimensionaron un territorio más amplio y más abierto al mundo.
Los hechos sociales y políticos
conocidos en el país desde mediados del siglo XX, que originaron los
desplazamientos hacia los llanos de gentes provenientes de todas las regiones
de Colombia, dejaron sus huellas en la capital del Meta, convirtiéndola en una
ciudad cosmopolita y multicultural.
Vereda Palmichal, Villavicencio. Foto: Óscar Bernal. |
IV
Para quienes se preguntan por qué Villavicencio
es la puerta de entrada al paraíso de nuestro país, tenemos muchas respuestas:
es una ciudad privilegiada desde el punto de vista geopolítico: la capital más cercana a Bogotá, a pocos
kilómetros del ‘Ombligo de Colombia’ (en Puerto López), cuenta con buena oferta hotelera urbana y agroturística a
la espera del fin de la pandemia; su óptima red vial permite visitar más de una
decena de municipios cercanos (entre 15 y 90 kilómetros de distancia por tres
rutas turísticas complementarias), donde encontramos una de las más ricas y
nutridas ofertas de turismo natural. Su gastronomía es, sin duda alguna, la más
amplia y variada del país, precisamente por su origen cosmopolita. Igual
encontramos la ‘mamona’ o carne a la llanera, los más variados pescados,
hayacas, tungos, pan de arroz, al lado de todas las opciones de la cocina
nacional e internacional.
Villavicencio es la puerta de entrada no solo al Llano,
también a la selva, a la mítica sierra de La Macarena, con su caño Cristales,
declarado el río más bello del mundo, y a centenares de sitios que abren las
compuertas de ese mundo mágico que se esconde bajo la media Colombia
desconocida y paradisíaca.
Una oferta que está a la vuelta de la esquina, y que debemos
conocer y disfrutar ya.
Todos quedan invitados a inaugurar las mañanas
más cálidas y multiucolores del mundo, y a ser testigos de cómo los días
galopan libres y felices sobre la eterna llanura.
Jaime Fernández
Molano
Especial para
Agenda Hoy
Excelente artículo. Felicitaciones a Jaime, sé queda corto por la inmensidad de nuestro llano, es difÍcil describirlo en su totalidad.
ResponderEliminarGran descripción de Villavicencio ente la cordillera y la planicie,entre el llano y la selva,somos privilegiados de vivir en esta hermosa tierra,Feliz cumpleaños Villavicencio que se acerque el día de verla Victoriosa,digna,grande y soberana como dice el himno,Lo Merece.
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