Así planean la inversión en cultura y turismo de Villavicencio para 2026
Enero 19 de 2026
Los Planes Anuales de Adquisiciones (PAA) 2026 de la Corporación
Cultural Municipal de Villavicencio (Corcumvi) y del Instituto de Turismo de
Villavicencio dibujan con claridad el modelo de inversión pública que se
proyecta para el próximo año: contratación de personal, eventos y promoción.
En total, ambas entidades planean procesos contractuales
por $14.431 millones, una cifra que, más allá de su tamaño, llama la atención
por la forma en que se distribuye y por la reiteración de la contratación
directa como mecanismo predominante.
Corcumvi
Para 2026, Corcumvi proyecta contratar $8.299.389.894,
financiados con recursos propios y del Sistema General de Participaciones
(SGP). El análisis del PAA muestra que el 48 % de ese monto —$3.986 millones—
se destinaría a la contratación de personal profesional, técnico y de apoyo,
principalmente mediante contratos de prestación de servicios.
Estos contratos están asociados a la implementación de la
política pública cultural, al turismo cultural, al Plan Especial de Manejo y
Protección (PEMP) del Centro Histórico, a la operación de bibliotecas y a la
gestión administrativa interna. En la práctica, uno de cada dos pesos del
presupuesto cultural se orienta a nóminas paralelas.
El segundo gran bloque de gasto corresponde a eventos,
festivales y circulación cultural, que concentran $2.072 millones, es decir, el
25 % del total. Se trata de recursos para festivales, conmemoraciones, muestras
artísticas y eventos masivos, cuya ejecución suele ser de corta duración, pero
con altos costos logísticos. El PAA, sin embargo, no detalla indicadores de
impacto ni criterios de evaluación que permitan medir el alcance real de estas
inversiones.
En contraste, los procesos de formación artística,
bibliotecas y trabajo comunitario —considerados estratégicos para la
sostenibilidad cultural— recibirían $1.484 millones, un 18 % del presupuesto,
menos de lo que se destina a eventos. A esto se suman $574 millones para
estímulos económicos y Beneficios Económicos Periódicos (BEPS) dirigidos a
artistas y gestores culturales.
Por su parte, dotaciones, seguros y servicios generales
representan unos $183 millones.
Instituto de Turismo de
Villavicencio
El panorama en el Instituto de Turismo de Villavicencio
no es muy distinto. Para 2026, la entidad proyecta procesos contractuales por $6.131.952.646,
con un énfasis marcado en promoción turística y posicionamiento de marca ciudad.
Según el PAA, $2.356 millones —el 38 % del presupuesto—
se destinarían a estrategias de comunicación, producción audiovisual, diseño
gráfico, fotografía y campañas asociadas a la marca «Villavo aquí está el Llano».
El documento evidencia múltiples contratos con objetos similares, ejecutados de
manera paralela, lo que abre interrogantes sobre la fragmentación contractual,
la posible duplicidad de funciones y la eficiencia del gasto en publicidad
institucional.
A esto se suman $1.760 millones para eventos turísticos y
activaciones de ciudad, incluyendo presentaciones de artistas nacionales e
internacionales, festivales, celebraciones de aniversario y eventos
gastronómicos. Algunos de estos contratos superan individualmente los $600
millones, pese a que su duración se limita a pocos días.
La infraestructura y el mantenimiento de atractivos
turísticos concentrarían $1.124 millones, el 18 % del total. Aunque este rubro
incluye vigilancia, mantenimiento, maquinaria y estudios de diseño, sigue
siendo inferior a los recursos destinados a promoción y eventos, pese a
tratarse de inversiones con mayor potencial de impacto duradero.
Finalmente, $591 millones se orientan a planeación,
política pública y sistemas de información turística, mientras que $300
millones se asignan al funcionamiento administrativo y soporte institucional.
Un modelo que prioriza la visibilidad sobre
la sostenibilidad
El análisis conjunto de los PAA de Corcumvi y del
Instituto de Turismo deja ver un patrón que se repite año tras año: más del 65
% de los recursos se concentra en personal, eventos y promoción, con una fuerte
dependencia de la contratación directa y una inversión limitada en
infraestructura y procesos de largo plazo.
Los Planes Anuales de Adquisiciones no prueban
irregularidades, pero sí anticipan riesgos estructurales en la gestión pública
local, como atomización contractual, debilidad en la planeación estratégica y
una política cultural y turística enfocada en la visibilidad inmediata más que
en la consolidación sostenible del sector.
En 2026, la discusión no será únicamente cuánto se
contrata, sino qué impacto real dejan estos recursos cuando terminan los
eventos, se desmontan las tarimas y vencen los contratos.

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