La mujer que guardó en un álbum la memoria de Juancho Polo
Junio 28 de 2026
Por más de tres décadas, Juancho Polo alentó al fútbol
del Meta como si cada partido fuera una final. Tras conocerse su muerte en
Villavicencio, una hincha recordó el homenaje que le hizo en vida: un álbum de
recortes, boletas y gratitud para el hombre que enseñó a querer lo propio.
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| Luz Marina Calcetero, hincha de Llaneros F.C. y amiga de Juancho Polo. Fotos: Óscar Fabián Bernal |
Luz Marina Calcetero Romero no necesitó una imprenta ni
una ceremonia para rendirle homenaje a Juancho Polo. Le bastaron recortes de
prensa, boletas de partidos, recuerdos acumulados en la tribuna y una
convicción sencilla: había que dejar constancia de quienes ayudaron a construir
la historia sentimental del fútbol del Meta.
Entre esos nombres, el primero era el de Juancho.
La idea nació mientras armaba un álbum dedicado, primero
a Centauros, luego a Llaneros F.C., ese equipo que para ella, como para tantos
hinchas metenses, dejó de ser solo un club para convertirse en una causa. En
sus páginas fue pegando pedazos de memoria: entradas, notas, publicaciones y
señales de una pasión que venía desde los tiempos de Alianza Llanos y
Centauros. Al final, cuando llegó el momento de los agradecimientos, apareció
inevitablemente Juancho Polo, el hincha de rostro pintado, voz firme y corazón
llanero.
«Él fue el primero que nos apoyó», recordó Luz Marina.
Para ella, Juancho no era únicamente un personaje pintoresco de estadio, sino
alguien que les enseñó a sentir orgullo por el equipo de la tierra, por ese
fútbol que muchas veces sobrevivió más por la terquedad de sus hinchas que por
la estabilidad de sus instituciones.
Juancho Polo, cuyo nombre de pila era Guillermo Ceballos,
no había nacido en Villavicencio. Sin embargo, terminó convertido en uno de los
símbolos más queridos del fútbol metense. Se decía «nacionalizado» en Puerto
Gaitán y asumió el Llano como patria afectiva. Desde los años noventa acompañó
a Alianza Llanos; después estuvo con Unión Meta, sufrió y celebró con
Centauros, y más tarde adoptó los colores negro, blanco y dorado de Llaneros F.C.
como una nueva bandera.
Luz Marina lo entendía bien: Juancho representaba ese
sentido de pertenencia que no se compra ni se improvisa. «A pesar de no ser de
acá, nos enseñó a querer lo nuestro», dijo. Lo vio llegar al estadio incluso
cuando la salud ya no lo acompañaba del todo. Lo vio saludar, abrazar, animar,
pedir paciencia cuando el equipo perdía y recordar que al fútbol local había
que sostenerlo en las buenas y en las malas.
Por eso, cuando se enteró de su muerte, la noticia la
quebró en plena rutina. Iba en la buseta hacia el trabajo cuando recibió el
mensaje de un periodista. Lo leyó y lloró. No era solo la muerte de un hincha
conocido; era la partida de alguien con quien se encontraba en el centro, con
quien se sentaba a conversar y a quien alguna vez ayudó con algo para comprar
lo necesario.
De Juancho conserva una imagen profundamente humana: la
de un hombre caballeroso, amable, afectuoso con su familia y siempre dispuesto
a saludar y abrazar. «Siempre va a estar en nuestros corazones, Juanchito»,
dijo Luz Marina, con la voz de quien despide a un amigo y no a una simple
figura de tribuna.
El álbum que ella hizo adquiere ahora otro valor. Ya no
es solo una colección de recuerdos deportivos; es una pequeña cápsula contra el
olvido. En esas páginas está la huella de un hombre que convirtió la tribuna en
hogar y que defendió al Meta con frases simples, directas, llenas de orgullo.
Juancho insistía en que había que mirar primero hacia la tierra propia, apoyar
al equipo local antes que rendirse ante los nombres enormes del fútbol mundial.
Su legado, para Luz Marina, no está en una estadística ni
en una copa. Está en una forma de acompañar. En no insultar al jugador que
falla. En no abandonar al equipo cuando pierde. En entender que el fútbol del
Meta necesita hinchas que se queden, que alienten, que crean.
«Ese era el legado: siempre apoyar al equipo», resumió
ella.
Ayer murió Juancho Polo en Villavicencio, pero en las
tribunas queda su eco. Queda el recuerdo del hombre que se pintaba la cara,
agitaba la bandera y se inventaba maneras de decirle al Llano que lo suyo
también merecía amor. Y queda, en manos de Luz Marina Calcetero Romero, un
álbum hecho con paciencia de hincha: un homenaje gráfico para quien durante
años le puso rostro, voz y alma al fútbol del Meta.





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