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De vendedor de borojó a empresario del entretenimiento en Villavicencio

Pablo Quinto y su pasión por la salsa


Enero 13 de 2018

Pablo de Jesús Quinto Hurtado, 46 años, un metro con noventa centímetros de estatura, 108 kilogramos. Lugar de nacimiento: Ismina (Chocó).

Hace cinco lustros llegó a Villavicencio con la excusa de visitar a una de sus hermanas. Se amañó y empezó el rebusque. De día, paseaba calle arriba calle abajo vendiendo borojó, empanadas y avena. Y en la noche, su contextura física le servía para desempeñarse como portero en discotecas. También fue mesero y ayudante de ornamentación.

Pablo Quinto es propietario del bar Quinto Mayor, en Villavicencio.


Ya no es vendedor informal. Ahora es uno de los empresarios del entretenimiento nocturno que mueven la salsa en la ciudad. Su discoteca Quinto Mayor es de las pocas en las que se escucha exclusivamente el género.  Por allí han pasado Pedro Conga, Nino Segarra, Kim de los Santos, Julio López, Willy Crespo, Gabino Pampini, Kike Harvey, Rigo el negro, Hansel Camacho, Gustavo Rodríguez, La Suprema Corte…

Pablo Quinto, apasionado de la música de Javier Vásquez y del swing de Willy García, interpreta timbal, congas, bongó, canta y ama la locución. Fue presentador del programa Salsa y Control, de la emisora de la Policía Nacional, y mientras vendía borojó en el aeropuerto, le propusieron trabajar en Saynamur, una de las discotecas que desaparecieron del barrio La Grama de Villavicencio.

Tocaba percusión y era corista de Rey y su combo, famosa orquesta salsera de la década de los 90 en la ciudad. También integró la agrupación Combo Cristal y trabajó en Borinque, un bar en el barrio La Alborada. Duró tres meses como administrador de una discoteca en el departamento de Vichada. A su regreso se unió en sociedad para inaugurar el bar El Son, en La Esperanza. Su socio, recuerda, se bebía el licor con amigos y las cosas no funcionaron. Con el pasar de los meses pudo comprar el negocio y lo registró con otro nombre, Quinto Mayor, que fue trasladado luego al barrio Siete de Agosto.



¿Se imaginaba verse como propietario de una discoteca salsera?

Claro, yo soñaba, yo iba vendiendo mi fruta, mi jugo y me imaginaba eso, y tengo eso aquí todavía, llevamos mucho tiempo, pero hasta ahora estamos empezando.

¿Músico o empresario de la salsa, qué camino seguir?

Lo que pasa es que la música es traicionera, la gente te va a apoyar si estás ahí pegando duro, pero si por un momento te descuidas, la gente se olvida de vos, en cambio, ser un empresario reconocido, ahí está todo.

Junto con Yimmy crea Salsa pa’l barrio, pero luego usted se aleja y, de manera paralela, crea Salsa libre, con el mismo objetivo de sacar el género a al aire libre. ¿Por qué se alejó en ese entonces?

Con Jimmy fuimos muy inmaduros, no supimos manejar el tema de la fama, y nos dejamos manipular por el lleva y trae. Yimmy es muy tocado, entonces, él de una vez estalla, pero es buena persona, buen trabajador, muy guerrero, la ha guerreado mucho en la salsa, desafortunadamente hoy no tiene bar, pero ha sido muy insistente, a Jimmy lo quiero como a un hermano, con él he trabajado mucho.

¿Ha pensado en irse de la ciudad, de regresar a Chocó?

Yo aquí vivo muy bien. En el Chocó no hay progreso y allá envidian cualquier cosita que uno tenga, y ahora súmele los grupos que han llegado allá. Si tú montas una tiendita tienes que pagar vacuna. Villavo es una ciudad en la que el que quiere trabajar, progresa.

¿Cómo ve la salsa en la ciudad?

Aquí la salsa es muy olvidada, eso es lo que pasa, aquí se dice que se es salsero, pero ven tres mesitas y se van para El Cartel, para El Cantinazo, mucha música de despecho, y a todo eso hay que tenerle paciencia, no porque no se llenó el bar lo voy acabar, así como dice el Gran Combo: “esto no es llegué y pegué”, esto no ha sido fácil.  Cualquiera puede montar un bar, o ponerle a un garaje tres cabinas, sonido, poner música y la gente le llega, pero es diferente cuando luchas con verraquera, como Jimmy, Harold, yo, Ray, muy diferente cuando usted gana, pierde, queda embalado con eventos, es diferente, pero es bueno hablar con ellos en qué concepto tienen la salsa, cada cabeza es un mundo, pero en esto yo llevo comiendo hace rato, ganando, perdiendo, aguantando hambre.

¿Alguna vez pensó en dejar el negocio?

No, ni quiero, yo vivo por esto, que sea mi Diosito, y yo he tenido momentos difíciles, sin cómo pagar el arriendo y el dueño del local encima, un día el dueño del local me puso el letrero de se vende, un viernes, y la clientela llegando. Con este negocio compré mi casita, mi carrito, me ha ido muy bien, pero Villavo está pasando por una crisis económica muy dura. Todo el mundo se queja.

¿Cómo ha hecho para seguir adelante?

Soy bendecido. Cerraron Yotoco, ese negocio era de Mauricio López, ese señor no quiere saber nada de salsa. Cuando recién montó eso, yo estaba en la sexta (etapa de La Esperanza) y dijo, delante mío, que venía algo para acabar con todos los meaderos de barrio, y quién cerró primero el bar, él. Le echó la culpa a Harold (Lussio). Lo que pasa es que la salsa nunca ha sido estratificada, la salsa viene de la barriada.



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